
-Mientras esto decía, se dio cuenta de que estaba subida sobre el estante de la chimenea, y no sabía cómo había llegado hasta ahí. Y por cierto que el cristal estaba en realidad comenzando a desleírse como si se tratara de una blanca neblina plateada.
En un instante, Alicia había atravesado el cristal y de un saltito se encontró en el Cuarto del Espejo. La primerísima cosa que hizo fue mirar si había fuego en la chimenea y le dio mucho gusto ver que lo había y muy bueno, tan vivo y brillante como el que dejó en su sala.
-De modo que estaré tan abrigada aquí como en nuestra vieja sala, más abrigada aún, ya que no habrá nadie que me regañe para que me aleje de la chimenea. ¡Cómo me voy a divertir cuando me vean desde allí, tras el Espejo, y no puedan llegar hasta mí!
De Alicia tras el espejo, de Lewis Carroll, traducción de Cora Bosch, Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1973.
En homenaje a mi tía abuela Laura Chantré, por sus libros-juguetes y sus canciones en francés de mentirita.
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