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13.10.09

La felicidad por Amelia Biagioni

LA FELICIDAD

No sé cuándo
y afuera
los felices bailaban olvidándose,
sin saber que bailaban.
Las desdichas
se apartaban al paso de la fiesta,
y ellos no agradecían, inocentes.
Los felices bailaban en la hierba,
qué lástima,
sin saber que eran príncipes.

Pero yo, que sabía,
no quise abrir mi baile
sin coronar mi sangre verde,
mi sombra doradora.

Tuve que caminar
por el aire
y negar
casi toda la tierra.
Pero al fin entré al círculo
de la reina.

Posible,
sentada en la rosa,
cantándose
peinaba su luz.

Deslumbrada, sin verla,
oh reina, soy feliz,
yo sé que soy feliz, oh madre,
dije.

Ah, puesto que lo sabes,
dijo la reina,
cálzate, hija,
cíñete la diadema,
Y no despiertes.

De El humo (1967)

29.9.09

Henri Meschonnic

no veo rostros
tu rostro
veo felicidad que no tiene
necesidad de palabras o yo
veo dolores que no tienen
tampoco palabras no veo
más que silencios
y de ellos
vienen mis palabras sobre tu boca
para oír
para oír mejor

Traducción de Hugo Savino

10.9.09

Carta de Alejandra Pizarnik a Amelia Biagioni

Buenos Aires , 18/XI/67

Querida Amelia:

Mil gracias por EL HUMO (1). Vengo de él y no logro encontrar una frase para destinarle; digo una frase como un manto real que a la vez fuera un manto de arpillera, una frase vestida de princesa pero mendiga.

Por cierto que el primer gesto, al acabar tu libro -hace 1 minuto- ha sido colocarlo entre los libros que voy a releer (no hay muchos) porque EL HUMO me sedujo tanto que siento, simultáneamente, deseos de conocer (es imposible, lo sé, pero justamente) por qué y cómo y de qué manera. Por otra parte, la seducción se despliega en diversas gamas: el poema de la pag. 51 (2), por ejemplo, es la seducción del misterio musical del lenguaje, o mejor, la magia hipnótica que me obligó a leerlo en voz viva. No es el único dotado de ese poder pero sí el más extremo.

Esta mención te hará sonreír, acaso. ¿Cómo frente a cosas tan terribles, hablo de seducción y me complazco en magias "externas" (según algunos)? Precisamente, porque son terribles, y porque el lenguaje se les resiste y las traiciona, e incluso las anula, por eso, justamente, me impresionó doblemente tu libro. Precisamente, porque cada verso y cada palabra han sido llevados (padecidos) hasta su máxima tensión, y con toda la carga de sus sentidos plurales, estos poemas son un lugar -o un espacio- de reunión. Por eso, imagino, invocas a la dura poesía (3) con términos lujosos y trágicos como si fuera la muerte; y por eso, imagino, ser poeta es, entre otras cosas, poseer esta virtud (sinonimo de "la condena" (4), naturalmente) de adueñarse de la máxima paradoja - aquella que el viejo amigo Kierkegaard considera un escándalo. Paradoja que consistiría en que el más solitario, por obra y gracia de "alados Discursos", crea un lugar - el poema- en donde otros solitarios se reúnen, se reconocen (en tanto afuera llueve y es invierno). Tus poemas fueron siempre para mí lugares pero nunca lo fueron como ahora, gracias por EL HUMO. Incluso llegué a preguntarme cómo mantenés la estructura perfecta y acabada si detrás, a tan pocos pasos, acecha el ángel de lo absoluto, opuesto al de los "ojos con límites". No sé, por cierto, responder, pero celebro tener que preguntarlo. Tampoco quiero resumirte los temas porque no soy profesora (quizá sea una desgracia, lo digo en serio) y sobre todo porque me son demasiado entrañables. Hay alguno, quizá el más terrible o el más intimidante, que alude al doble o a la sombra o al espejo o al quién soy (5), que aparece transfigurado como enorme valentía y hermosura (por supuesto que es facilísimo luchar en la guerra comparado con ese descenso al infernal encuentro con la otra o con las otras).

Y no continúo, porque hay que hablar menos y releer más. Dura poesía y duro oficio de servirla pero vos no necesitás temer aquella alusión de Mateo XXX, 25 (o acaso era XXV, 30) (6).

Gracias de nuevo y recibí mi mucha admiración y abrazo.

Alejandra

Notas:

1- Amelia Biagioni publicó EL HUMO en Emece, en 1967. Contiene 22 poemas, ha sido considerado una revolución en la poesía argentina.

2- "Y ardiendo / acuden / las lenguas bífidas, / las rojas sibilas / ardiendo guay, / consumen, / las sibilas púrpuras, / las lenguas miserere / consuman, / ardiendo amén, / las lenguas encarnadas, / las perversas y santas inocentes, / ardiendo azules, / mentidas hasta el gris, / hasta gris verídicas, / ardiendo.."

3- La invocación a la "dura poesía" se encuentra en el impresionante poema "Oh tenebrosa fulgurante" (p. 65) y dice así:"Oh tenebrosa fulgurante, impía / que reinas entre cábala y quimera, / oh dura poesía / que hiciste mi imprevista calavera."

4- "La condena" es el título del poema que se encuentra en la p. 63, donde Biagioni describe el destino de Sísifo del poeta solitario que finalmente escucha otra voz "...Y reanudamos / la condena, cantando en el infierno".

5- Las instancias de desdoblamiento son varias en este libro, por ejemplo en "la Soterrada" (p. 67): "...De vez en cuando baja mi alma a darme / cucharadas de fuego".

6- Se trata, en efecto, del pasaje de Mateo, XXV, 30, que corresponde a la parábola del servidor desleal. Este, en vez de hacer fructificar el talento (suma de dinero) que su amo le deja antes de emprender un largo viaje, lo entierra y lo devuelve sin acrecentamiento. Por eso será castigado y arrojado a " la tiniebla exterior, donde se oye crujir y rechinar de dientes", según el evangelista. Es muy probable que Pizarnik conociera esta cita evangélica a partir del famoso poema de Borges (1953) que se titula precisamente "Mateo, XXV, 30" donde el escritor transpone la noción del talento a la totalidad de dones que la vida a conferido al poeta y que sin embargo se han desperdiciado. Ahí concluye, de una manera a la vez terrible y melancólica: "En vano te hemos prodigado el océano, / En vano el sol, que vieron maravillados los ojos de Whitman: / Has gastado los años y te han gastado / Y todavía no has escrito el poema."

Fuente: http://www.sololiteratura.com/piz/pizcartamelia.htm

9.9.09

Amelia Biagioni

Bosque

Mi sombra
mi pasión
mi razón
mi relámpago
me dijeron
que hay en el universo cuatro hambres.

Mis hambres
me gritaron
que el universo no se calma con gemidos
sino con actos.

Mis actos
me mostraron
que el universo es un oscuro claro andante bosque
donde todo movimiento es cacería.

De Las cacerías, 1976.

2.9.09

Roque Dalton

Yo quería
Yo quería hablar de la vida de todos sus rincones
melodiosos yo quería juntar en un río de palabras
los sueños y los nombres lo que no se dice
en los periódicos los dolores del solitario
sorprendido en los recovecos de la lluvia
rescatar las parábolas deshojadas de los amantes y dároslas
al pie de los juegos de un niño
elaborando su dulce destrucción cotidiana
yo quería pronunciar las sílabas del pueblo
los sonidos de su congoja
señalaros por dónde le cojea el corazón
dar a entender al que sólo merece un tiro
por la espalda contaros de mis propios países
imponeros de los éxodos de las grandes
emigraciones que abrieron todos los caminos del mundo
del amor aun del arrastrado por ahí
por las acequias hablaros de los trenes
de mi amigo que se mató con un puñal ajeno
de la historia de todos los hombres desgarrada
por la ceguera por los arrecifes del mito
del siglo que acabarán mis tres hijos varones
de la lengua del pájaro y la espuma furiosa
en la estampida del gran cuadrúpedo
y quería hablaros de la Revolución
y de Cuba y de la Unión Soviética
y de la muchacha a quien amo por sus ojos
de mínima tormenta
y de vuestras vidas llenas de amaneceres
y de personas que preguntan quién lo vio quién dijo eso
cómo podría hacerse yo llegué
antes que tú
y de todas las cosas de la naturaleza
y del corazón y sus testimonios
de la última huella digital antes del aniquilamiento
de los animalillos y la ternura
quería sí deciros todo eso y contaros
muchas historias que sé y que a mi vez me contaron
o que aprendí viviendo en la gran habitación del dolor
y cosas que dijeron otros poetas antes que yo
y que era bueno que supierais.

Y no he podido daros más —puerta cerrada
de la poesía—
que mi propio cadáver decapitado en la arena.

Liliana Lukin presenta su "Obra reunida:1978-2008"


Un poema de Construcción Comparativa

XVI

Como quien hace

de la necesidad virtud

e insiste

raspando el fondo

hasta sangrar

las yemas

.

así

ella buscaba

la gema

entre las sobras

de lo que divide y obra

ella gestaba

.

.

como una mujer.

21.8.09

Juan Carlos Bustriazo Ortiz

Décima Sexta Palabra
Adiós, adiós. Hasta mañana, lengua,
lueguito o no, luegura si me llega,
levántar me, nacerme de la huesa,
la sabanura, almohada, estotra greda
de la que subo taza, vaso o luenga
jarra de Juan. Hasta mañana, lengua!
(Ellos ya están cantando: “cuchillocóoooooo!...)

Décima Séptima Palabra
Renqueante voy bajo esta luz, confuso,
a tu fulgor, ay vino. Yo me acuso
de ir a robarte donde un dios te puso
en el mesón sabido. Yo, que iluso
ando en dolor violeta. Quién dispuso
que pase así? Perdón si yo te uso.
Es mi destino y el telar y el huso:
mi Tejedora Tinta, vino infuso.

5.8.09

e. e. cummings por Octavio Paz

Arriba al silencio el verde
silencio con una tierra blanca dentro
tú te (bésame) irás

afuera a la mañana la joven
mañana con un tibio día dentro

(bésame) tú te irás

Allá al sol el hermoso
sol con un firme día dentro

tú te irás (bésame

abajo en tu memoria y
una memoria y memoria

yo) bésame (me iré).

25.7.09

Esta fácil y sencilla felicidad

El cántaro fresco

Han traído para el almuerzo un ventrudo recipiente de barro lleno de agua recién sacada del pozo. Y es ésta tan fría que, rezumando por todos los poros del cántaro, ha cubierto la rojiza superficie de un fresco manto húmedo. A trechos, el vapor acuoso es más espeso y forma gotas gruesas que caen sobre el mantel blanco. En el comedor reina una penumbra dulce. Por un rendija del postigo entra, tendiéndose en la parte superior de la ventana hasta el piso del centro de la habitación, como una tirante cinta amarilla, un rayo de sol que, en el suelo, se concentra simulando un ovillo dorado. A veces, al mover un ligero soplo de brisa la cortina, el redondel de sol se mueve también, y Titanio, el pequeño terranova que hace rato lo observa, salta sobre él. Y ladra al ver que lo que él quizás supone un extraño insecto, se trepa como una mariposa burlona a su pata peluda. De la cocina llega ruido de loza; del patio, un chirriar confuso de cigarras. En espera del almuerzo empieza a invadirme la modorra de este cálido mediodía de diciembre. Mi hijo, con esa sana hambruna de los seis años, pellizca un trozo de pan, sentado ya en su sillita, junto a la mesa, esperando la llegada del padre. Mis agujas de tejer, la labor, el ovillo, han resbalado poco a poco de mi falda a la estera. Yo apoyo mi mejilla en la fresca superficie húmeda del cántaro. Y esta fácil y sencilla felicidad me basta para llenar la hora presente.

Juana de Ibarbourou
Del libro El cántaro fresco (1920)

15.7.09

Marosa

DE SÚBITO, ESTALLÓ LA GUERRA

De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar
arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego;
después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó
ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,
como rosas, como ratones que volvieran del infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:
"Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...".
Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía
calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance
de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó
la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,
el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.
De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,
arriba de las calas.

De Los papeles salvajes
Marosa Di Giorgio

4.7.09

Bertolt Brecht

SOBRE LA VIOLENCIA
Al río torrentoso lo llaman violento
pero al lecho que lo comprime
nadie lo considera violento.

HOLLYWOOD
Todas las mañanas para ganarme el pan
voy al mercado donde se compran las mentiras.
Lleno de esperanza
me coloco en la fila de los vendedores.

LA MÁSCARA DEL MAL
Sobre mi pared hay una talla japonesa de madera.
Es la máscara de un demonio del mal, pintada en laca dorada.
Lleno de compasión observo
las venas hinchadas de las sienes, que revelan
el esfuerzo que exige ser malvado.

De 80 poemas y canciones
Traducción de Jorge Hacker

1.7.09

Roberto Sosa

LA CASA DE LA JUSTICIA
Entré
en la Casa de la Justicia
de mi país
y comprobé
que es un templo
de encantadores de serpientes.

Dentro
se está
como en espera
de alguien
que no existe.

Temibles
Abogados
perfeccionan el día y su azul dentellada.

Jueces sombríos
hablan de pureza
con palabras
que han adquirido
el brillo
de un arma blanca. Las víctimas -en contenido espacio-
miden el terror de un solo golpe.

Y todo
se consuma
bajo esa sensación de ternura que produce el dinero.


LA CIUDAD DE LOS NIÑOS MENDIGOS
¿De dónde vienen estos niños mendigos
y qué fuerzas multiplican sus harapos?
¿Qué humano no ha sentido
en el sitio del corazón
esos dedos
picoteados
por degradantes pájaros de cobre?
¿Quién no se ha detenido
a mirarles los huesos
y no escuchó sus voces de humilladas campanas?
Que no haya niños mendigos disminuidos en las puertas,
golpeados
por la bruma de los cementerios,
muro blanco de las ciudades.
Que haya niños que posean juguetes,
pan
y luceros debajo de sus zapatos.
Que en el patio de la escuela
capturen alegremente
los insectos en el césped.
Que habiten en sus mundos
entre sus propios seres y sus cosas.

"Yo nací en un pueblo de Honduras que se llama Yoro. Ha trascendido que allí llueven peces, y eso ha cobrado un carácter de universalidad. Esta circunstancia ha servido para literaturizar un poco el fenómeno. Para el caso, le conté una vez a Eduardo Galeano este hecho y él hizo un breve cuento sobre esto. Creo que el argumento del cuento se trata de un exiliado político que por alguna razón llega ahí y se asombra de ver a varias personas cargando con canastas llenas de peces. Pero sólo viví en ese pueblo hasta la edad de unos tres años; después salí de él y anduve por varios países y retorné a mi lugar de origen a los once años —después de conocer muchas ciudades de Honduras y de la República de El Salvador—. Mi padre era salvadoreño. Y debido a su profesión —era músico de banda— andaba para todo sitio. Me acostumbré un poco a sentir cierta nostalgia por un viaje próximo, por una circunstancia de llegada, de descubrimiento de algo nuevo, y por ahí pues que adquirí una psicología de viajero: me gusta viajar. Más tarde, leí que viajar es reformarse, y reformarse —según José Enrique Rodó— es vivir. De ahí, pues, repito, he sentido cierta inclinación por el cambio de ciudades, pero en los últimos años me he radicado aquí en Tegucigalpa. Estamos en mi casa, la he levantado con esfuerzo propio y estoy orgulloso de que sea así. Este es mi centro de trabajo, tengo un espacio de trabajo que es lo que yo creo que es una casa, un sitio de trabajo y también de descanso, porque después del trabajo, descanso. Es una íntima relación, casi musical.
El trabajo de la poesía ha sido mi centro vital. Y claro, no sólo de poesía vive el hombre. He tenido que trabajar para poder sobrevivir decentemente en un país estructurado de una manera compleja, como es Honduras. He hecho diversidades de trabajo, desde vender pan cuando era un muchacho hasta hacer trabajos ajenos a mi vocación poética. Sin embargo, siempre me ha sostenido la idea de poder escribir lo vivido, lo que he vivido. Desde luego eso ha estado complementado con lecturas (...) mi formación básica es la de un autodidacto, me he hecho yo mismo. Esto me ha ayudado a ir complementando los estudios sobre la vida, que, según pienso, no terminan nunca: uno siempre está aprendiendo todos los días. Todos los días se aprende de las personas, de las imágenes, de los niños, de los animales (...) el instinto es un elemento absolutamente válido para poder entender mejor las relaciones con la realidad artistificada con lo que tienes enfrente, que puede ser un poeta, un policía, un bandido, un banquero o una niña que pesca en la orilla de la mar, un envidioso color verde botella.
Lo más importante de la vida es vivir, seguir viviendo. En este país no se vive sino que se sobrevive. Entonces, para mí sobrevivir en este país es bastante. Para nosotros, los que escribimos aquí, escribir ha sido precisamente sobrevivir. Claro, también dentro de esa supervivencia hay una esperanza."

Fuentes:
http://litart.mforos.com/1194902/6977978-roberto-sosa/
http://festivalinternacionaldepoesiaenpuertorico.com/robertososa.html

21.6.09

María Auxiliadora Álvarez

la rosa de la descomposición
grave fue la disputa entre la destrucción y la alquimia
pues ¿Quién podría admirar la rosa de la descomposición?

¿quién haría un lugar para un tallo de color invisible
despuntando desde la podre-recie-dumbre?

Feroz fue lo inexorable Contundente como un chirrido
de rama calcinada


piedras de reposo
todo lo que quiero decirte hijo Es que atravieses el sufrimiento

Si llegas a su orilla si su orilla te llega Entra en su noche y déjate hundir
que su sorbo te beba que su espuma te agobie Déjate ir déjate ir

Todo lo que quiero decirte hijo Es que del otro lado del sufrimiento
Hay otra orilla

encontrarás allí grandes lajas Una de ellas lleva tu forma tallada
con tu antigua huella labrada Donde cabrás exacto y con anchura

no son tumbas hijo son piedras de reposo
con sus pequeños soles grabados y sus rendijas


La realidad social la construimos entre todos, por desidia o por participación, por ignorancia o por deliberación, te involucres o no ahí está y uno es su hacedor también (...) pocas veces llegamos hasta el momento en que el vencido no puede hablar. Cuando puedes hablar, todavía no has sido vencido.

Me signa la necesidad de la poesía de la búsqueda de la esperanza. Porque creo que el que nombra puede hacer un poco más de aire si lo invoca o lo ofrece o lo busca. Y me cansa el peso de la oscuridad (...) Hablo de la oscuridad como de la reflexión que se solaza en la desgracia. Creo que el gran reto es sobrevivir de la manera más intacta que podamos. Dejarse caer es lo más natural. Por eso me gusta esa línea de pensamiento que se siente de muchas maneras en tantos poetas que no se dejan caer, o que caen de pie.

Algunos poemas de María Auxiliadora Álvarez (Caracas, 1956) y fragmentos de la entrevista a la autora publicada en el último número del Diario de Poesía.

Más sobre su obra en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-4479-2008-11-08.html

17.6.09

Julio Huasi

la cola infinita

cuando los pobres alumbran se instalan
con su pañal y su hambre en la cola
en espirales que circundan este reino,
amontonados aúllan en cada meridiano
con sus cucharas trágicas como viudas de guerra,
apenas un pobre masca las hierbas
tras suyo aparece otro pobre de bruces
sobre el mundo y devora las raíces
y tras de él otro más se consuela los dientes
con el terrón del planeta en carne viva,
soy una crucifixión multiplicada detrás mío al infinito,
el último que apague las galaxias
hasta que aparezca el pan que nos robaron

10.6.09

Ana Cristina Cesar

Fisonomía
no es mentira
es otro
el dolor que duele
en mí
es un proyecto
de paseo en círculo
un malogro
del objeto
en foco
la intensidad
de luz
de la tarde
en el jardín
es otro
otro el dolor que duele

8.6.09

Álvaro Yunque

DESIGUALDAD, DOLOR...
Palacios de pomposa arquitectura
y miliunochescas avenidas;
y también pestilentes conventillos
y arrabales hediondos de inmundicia.

Hombres que viven recogiendo bosta
y hombres que como a ídolos se vivan;
mujeres, niños que el trabajo agota
y otros que sólo de ocio se marchitan.

Junto a los hijos hartos
del rollizo rentista,
pasa la flaca prole del obrero
camino de la fábrica asesina.

Y junto a la "señora" - o la ramera -
que de joyas rutila,
va la madre flacucha que trabaja
para alhajar la vanidad ahíta.

¡Siempre desigualdad!: Esta es el hada
que rige nuestros ciudadanos días;
pero ¡siempre dolor!: Este es el genio
presente de continuo en nuestra vida.

Dolor, desigualdad: Amos de todos,
hijo cruel de madre prostituida,
con hambre y llanto hartáis vuestros señores,
pan de placer que el mísero fabrica.

Hombres, hombres hermanos:
vida es dolor, nos dice el pesimista.
Nuestra vida es dolor, hermanos hombres:
¡Pero no debe ser dolor la vida!


ARBOLES FLORIDOS
Cual si aguardaran nuestro paso, de pie,
junto a la verja se yerguen los florecidos árboles.
En las axilas de sus ramas,
se esconden nidos: frutos musicales;
y se estiran sus ramas plenas de flores rojas
tal como brazos que nos las brindasen.

¡Qué extraños parecéis brindando vuestras flores,
aquí en la urbe, donde todo es de alguien!
Tenéis de artista eso de darnos todo
Cual la naturaleza os lo enseñare;
pero en la urbe sois un mal ejemplo:
¡Violáis el principio de propiedad, oh, árboles!

DORMITORIO
Es cruel ese bello dormitorio
que se exhibe detrás de la vidriera
de la lujosa mueblería:
Está allí cual burlándose
de esas parejas de los novios pobres
que, pasando, se quedan como en éxtasis,
frente al cristal de la vidriera, mudos.
¡Ellos, los pobres, los que no se casan,
porque no tienen los ahorros
con que comprar la cama y el ropero!

De Versos de la calle (1924)

1.6.09

Paul Celan

Conversaciones con cortezas de árboles. Tú
descortézate, ven,
descortézame de mi palabra.

Tan tarde es, tan
desnudos y cercanos a los cuchillos queremos
estar nosotros.

22.5.09

Juan L. Ortiz

Para que los hombres

Para que los hombres no tengan vergüenza
de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles
o profundas de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento,
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, sí, todas las flores
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos todos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una simiente en la noche de la tierra.

18.5.09

Aunque no tenga permiso

Era mi canción preferida de aquel casete que mamá gastaba y gastaba en la casa de Haedo, ese de los Zupay, ese que también traía Sinceramente tuyo y Ojalá y Como si fuese la primavera, el que ella ponía todos los días mientras limpiaba o cocinaba, mientras lloraba al abuelo, a la abuela, a los tíos, hace ya más de veinte años.
Era una de amor, pero además ahí había otra cosa: había justicia y gente que no pedía permiso para ser feliz, en la calle, con su llanto por el mundo, cómplices, muchos, libres en su paraíso.
Después supe que era uno de sus poemas y supe de su obra y de su exilio y de su compromiso. Y hoy, con la noticia de que Mario Benedetti ha muerto, busqué ese disco de Zupay en Internet y -vaya uno a saber cómo- logré bajarlo y volví a escuchar esas canciones. Había otras, maravillosas, como Cuando tu no estás y Qué he sacado con quererte y Para vivir. Pero Te quiero sigue siendo mi preferida, como lo fue entonces, allá en Haedo, con mamá y sus lágrimas, en la cocina de aquella casa.